Aborto de Papel ¿Otro paso hacia la igualdad de género?

Aborto de Papel ¿Otro paso hacia la igualdad de género?

El aborto de papel, también conocido como aborto masculino, aborto financiero o aborto jurídico, es la posibilidad de que el padre biológico, antes del nacimiento de su hijo, renuncie a cualquier derecho, privilegio y responsabilidad para con el niño, incluido el apoyo financiero. De esta manera, antes de que nazca un niño, un hombre podría liberarse de las exigencias y responsabilidades de una paternidad no deseada (casos en los que el cuerpo gestante decide continuar con el embarazo y el progenitor no desea asumir dicha paternidad).

El concepto de “aborto de papel” fue introducido por primera vez en Dinamarca en el año 2000, por el economista Henrik Platz, argumentando que desde una perspectiva de igualdad, todos los hombres y mujeres tienen los mismos derechos ante la ley.  En 2014, se llevó a cabo una encuesta realizada por Gallup, cuyos resultados mostraron que entre el 40% y el 70% de los daneses estaban de acuerdo con la legalización del aborto de papel.

Veamos otros ejemplos. En 2016 en Suecia, el Partido Liberal decidió apoyar la iniciativa del aborto de papel impulsada por un grupo de mujeres feministas hasta la semana 18 del embarazo de la mujer, igual limite de tiempo para la práctica del aborto en mujeres en ese país. La idea tuvo una fuerte aceptación entre las mujeres, alegando así de que esta manera la paternidad de ser ejercida seria por deseo verdadero y no por la acción coercitiva de una ley.

En Argentina, largo nos hemos explayado durante principalmente estas semanas a la luz del Proyecto de Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE). En menor o mayor medida, todos hemos podido escuchar a los diversos grupos de la sociedad explayarse al respecto. Sin dejar de lado la lucha de las mujeres por el reconocimiento de su derecho a ejercer una práctica hoy ilegal y punible, es momento también de aplicar la misma vara para hablar de los derechos de los hombres y su vínculo con la paternidad.

En sociedades como la Argentina, donde la religión católica juega un papel institucional muy fuerte en la toma de decisiones políticas, y en este caso en las libertades del individuo, una iniciativa así podría ser considerada como un “ataque” a la institución familiar.

Por otra parte, el mismo Estado que en Argentina fuerza a niñas adolescentes, víctimas de embarazos no deseados, a maternar, ante una iniciativa así sostendría que sería una ofensa, dado que forzaría a llevar adelante a una “niñamadre” o una mujer adulta el ejercicio de la maternidad sin ningún tipo de ayuda económica. Parte de esto se debe a que somos un país pobre, donde al momento de escribir estas líneas y según últimas encuestas llevada a cabo por la UCA, el total de pobres asciende al 44.2% de la población y se sostiene debido a ayudas asistenciales del Estado.

Pero volviendo al debate de origen, ¿Dónde está la línea entre los valores liberales de la igualdad y la responsabilidad personal? Existe una gran cantidad de hombres que ni siquiera pueden decidir si participar de la paternidad o no o que tan involucrados desean estar. Si en Argentina las defensoras de los derechos de las mujeres finalmente obtuvieran la posibilidad de realizar el aborto y decidir sobre su propio cuerpo y su vida, ¿cuáles serían las opciones de los hombres para lograr también esa igualdad frente a una paternidad no deseada?

Un embarazo no deseado que termine o no en un aborto, es una consecuencia en la que los hombres también son responsables de dicho evento, sin entrar en casos donde ese embarazo fue resultante de una violación. Pocas feministas otorgarían a los hombres el derecho de obligar a una mujer a tener (o no) un aborto, porque reconocen el derecho de la mujer a controlar su propio cuerpo.

Día a día vemos como muchas mujeres viven con temor de que su ex abusador dañe a ella o a sus hijos debido a la aplicación forzosa de un acuerdo de manutención infantil por parte de la ley.  La paternidad forzada en tales casos, donde ha habido poco consentimiento informado al momento de asignar la paternidad legal, es típicamente costosa de hacer cumplir y no protege a los niños ni preserva la estabilidad familiar.

En lugar de castigar a los hombres (o mujeres) por su aparente irresponsabilidad reproductiva coaccionando la paternidad legal (o maternidad), el gobierno tiene otras opciones, como educación sexual obligatoria.

La manutención de menores ordenada por un tribunal tiene sentido, por ejemplo, en el caso de un divorcio, cuando un hombre que ya está criando a un hijo se separa de la madre del niño y cuando la madre del niño retiene la custodia del niño. En tales casos, las expectativas de apoyo financiero continuo reconocen y estabilizan el papel continuo de cuidado de los padres en la vida del niño. Sin embargo, así como la manutención infantil ordenada por la corte no tiene sentido cuando una mujer va a un banco de esperma y obtiene esperma de un donante anónimo que no ha aceptado engendrar el hijo resultante, tampoco tiene sentido cuando una mujer queda embarazada (accidental o posiblemente por su elección) de una pareja que no ha aceptado engendrar un hijo con ella. Al dar su consentimiento al sexo, ni un hombre ni una mujer dan su consentimiento para convertirse en padres, al igual que al dar su consentimiento a cualquier actividad, uno no consiente ceder a todos los resultados accidentales que pudieran derivarse de esa actividad.

Las políticas que castigan a los hombres por embarazos accidentales también castigan a los niños que deben mantener una relación de por vida con un padre ausente pero legal. Estos “padres” no están a la altura de las responsabilidades, debido a que son hombres que nunca asumieron voluntariamente las responsabilidades de la paternidad. Necesitamos respetar la autonomía reproductiva de los hombres brindándoles más opciones en el caso de un embarazo accidental y proteger a los niños de esos efectos indeseados.

El aborto de papel permitiría a los hombres el acceso al derecho igualitario y a la autodeterminación personal. Los hombres deberían tener el mismo derecho a controlar su vida reproductiva y su futuro económicos como las mujeres, lo que redundaría definitivamente en otro paso hacia una sociedad más justa.

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